jueves, 29 de julio de 2010

¿Porqué los periodistas caemos mal?



Ya van algunas veces, pero aún no encuentro una respuesta concreta ante el comentario: "Es que como son periodistas se creen la divina papaya". Digo yo, ¿qué mal hemos hecho? ¿Cómo reaccionar ante estas frases en medio de una amena conversación? ¿Porqué tanta antipatía anti periodística?




Perdón por ya unirme al gremio por cierto. Como para muchas cosas, el diario vivir sabe dar respuestas. Y yo si que he visto muchas, digo muchos casos que pueden provocar este tipo de reacciones. Y es cuando empiezo a encontrar la importancia de la tan aclamada "buena escuela" del periodismo. Veo de todo un poco con el pasar de los días desde mi cubito en la oficina.




Hablar del ego del periodista -si es que existe- es complicado. Y podría entender que este se presente después de terminar una mega reportería o una mega investigación de algo que costó mucho trabajo. ¿Qué no es para tanto? Puede que sí, pero suele pasar. Claro que de sentirse orgulloso al ver publicada una nota tuya de extenso tamaño o conseguir a la que parece la más difíciles de las fuentes, al ego o altanería, sí es llegar lejos. Veamos.



Puede ser recurrente cuando se está por encima de los demás. Tener responsabilidades de otros y la potestad de mandarlos. ¿Me explico? No es que he pasado por mucho aún, pero a breves rasgos ya he identificado varios casos. Hay desde los 'coordinadores creídos', el 'encargado chupamedias', el consentido, el/la recomendada, el/la super estudiada/o, el/la viajado/a, el que tiene complejo de profesor de universidad (pero malo), el sabelotodo porque ganó un premio, la que se cree postre o el sabandija que aspira un puesto superior sin importarle la integridad de sus colegas. Y puede haber más.



Otros casos simplemente se pueden confundir con estos, pero no lo son. Los ternos y las corbatas, por ejemplo, no son la característica de todos "los creídos". De unos sí, claro, pero de otros no mucho. Los grandes jefes, superiores de verdad en mente e intelecto, llevan terno pero no todos son antipáticos. De hecho hay gente muy agradable, y ellos sí son los que saben. Y se nota. Pero no siempre están escondidos tras la elegancia; la arrogancia se viste de jean, botas, abrigos, faldas y camisetas estampadas.



En mi calidad de aprendiz diaria -aquella postura que deberían tener todos los periodistas- solo me resta seguir observando. Y aprendiendo por supuesto. Hasta de las cosas malas se aprende, para luego no caer en ese error. Porque se ve feo, y yo si no quisiera ser asi. Si algún día me sucede le pido a Dios o mi madre que me de una bofetada.



No hay pecado alguno en no saber, en preguntar, en confirmar cosas más de una vez, en asombrarse, en equivocarse o en no pretender no saber. No es tan dificil serlo. Pero creo que tantas letras agobian a algunos y generan la envidia de otros. Todo porque habemos quienes disfrutamos del periodismo, aunque no sepamos todo lo que "saben" ellos. Reflexionen. Cuando se bajen de la nube, claro. Hasta pueden tener más amigos.



Un humilde consejo. Gracias.

2 comentarios:

Memo dijo...

Teya

En este tiempo, me doy cuenta que pocos pueden adjudicarse el título de periodistas. Redactores hay (¿habemos?)lo que quiera donde ya sabemos, pero periodistas, pocos.

Ojalá no nos pase eso de pretender saberlo todo, ojalá que no.

El caballero de los espejos dijo...

Leí tu comentario y me pareció bastante interesante, lo digo porque yo trabajo en radio, no como periodista sino como operador y créeme... desde mi posición he sido testigo "privilegiado" de la petulancia de muchos conductores al punto de involucrarme en los asuntos más domésticos y ser protagonista de fuertes discusiones por los asuntos más triviales.
Una cosa es ser valiente y franco, pero otra cosa muy diferente es ser insolente, como tú mismo dices, "la arrogancia se viste de jean, botas, abrigos, faldas y camisetas estampadas", es que hacen falta madres que den bofetadas.