martes, 11 de enero de 2011

¿La luna plateada o la plata y La Luna?


Fue mi primera radio. Y aunque no estuve por más de cinco meses, sí aprendí. Viví cosas nuevas -en ese entonces- sobre un medio y lo indispensable para no cometer errores "on air". Vi cosas buenas, escuché consejos, entendí más de periodismo, de populismo, del abuso del poder y sobre todo de ese poder: el de los micrófonos. ¿Puebas? Nunca encontré datos exactos pero el día "forajido" fue una fiel muestra de esa audiencia. Al menos así se cansaron de repetir.

Y claro que nos escuchaban. "Nos", de antes. El primer día que entré a la cabina principal ya pude locutar. Bajito, por mi tono de voz miedoso y principiante, pero hablar al fin. No estuve sola. Tuve de compañera a alguien que también estudiaba comunicación y otra personas que sí fue un gran locutor. Sí, también fue. De quién -por cierto- aprendí algo bueno de la radiodifusión.

A partir de ese día, todo me resultó perfecto. Fue como llegar a donde tanto se quiere. Y no por locutar, para los que tenemos un enamoramiento vehemente por el mundo de la radio. Era en sí por esa radio. Fue  algo asi como la meta de todo joven periodista o estudiante de comunicación que quiere cambiar el mundo con sus ideas revolucionarias. Pero no de esa revolución de las mochilas pintadas con el Che Guevara. De las libertades en su más pura expresión. Que socialismo ni que izquierdismo, la libertad, punto.

Tan libre que me gané el honor de tener media hora de programación en el espacio más escuchado. Solo tuve que hablar. De lo que sea. Todo porque uno de los locutores se fue, mientras que el otro repartía volantes para que lo eligieran como pasajero a Montecristi. Conmigo estaba la misma compañera de aulas y micrófono. Y dijimos de todo. Como era la época anti neonazis, convocamos a toda la ciudad a una marcha. "No tenemos miedo", repetíamos una y otra vez hasta que dieron las 09:30 y comienzó el otro programa. Todo entre risas y nervisismo. Risas, si, y "on air".

Y como esas, muchas. Luego estuve sola en el reprise "noticioso" del mediodía. Leía pequeñas noticias de  Internet e hice dos entrevistas. De eso no tengo fotos, solo audios y recuerdos.

Ese fue un paso por mi rumbo profesional que sí me cambió. Y no me refiero al cambio de apariencia o de vestir (zapatos rotos y pantalones de colores). Fue más que eso. Y pensaba que fue una gran cancha para disuadir lo correcto y lo errado del periodismo político. Y a distinguir el periodismo del activismo.

Pero la pequeña escuela que no me dio un diploma ni por participación, se esfumó. De lo que yo ví, oí, y viví, hace meses no quedaba nada. Ahora peor.

Espacios como esos se pierden todos los días en todos los medios. No hay cosas reveladoras. Polémicas son las noticias que salen ahora. Investigaciones que aunque tienen intenciones claras, desdichadamente son ciertas y tienen la razón. Esa que perdieron quienes persiguieron el oro y dejaron en lo que creyeron, si es que alguna vez fue así.

¿Madurez periodística? ¿Innovación? ¿Alternativas para la crisis? Mmm... No se si sea necesario llegar a eso para no perder. Pero, ¿realmente lo es? No lo creo.

martes, 7 de diciembre de 2010

Sigo en contra ¿Porqué?


Me pueden tachar de ignorante aquellos que dicen 'conocer muy bien del tema'. Como la ignorancia aún no es pecado me quedo tranquila, pero sigue siendo insuficiente. Y traigo a colación el tema no sólo por las fiestas, sino porque mi trabajo me obligó a leer esta nota. Nota que por cierto, se publicó en portada:

"Con una magnífica entrada se lidiaron cinco novillos de Mirafuente y uno de Vistahermosa buenos, de calidad y nobleza excepcional, que permitieron el lucimiento de los protagonistas. A dos los aplaudieron en el arrastre e incluso en el cuarto hubo peticiones de indulto".

Bueno... La crónica sobre una de estas absurdas 'jornadas taurinas' es más grande y está llena de párrafos como el que cito.
Ahora, mi inconformidad va más allá de mi rechazo personal hacia este tipo de 'tradiciones' malditas que aún no somos capaces de extinguir. Estoy inconforme también con el asunto periodístico de la situación. Y es algo que no solo me enoja. Sin la mirada de Teya la anti toros, señalo estos puntos:

1: Si es una nota o crónica, calificativos o adjetivos como magnífica, buenos, de calidad y lucimiento, ¿están permitidos?

2: Después de Vistahermosa y para citar adjetivos de los novillos, ¿no se pone coma o punto?

3: Si yo no conozco de toros (gracias a Dios) un lector común entiende lo que es el "arrastre"?

4: ¿Los protagonistas son los cinco novillos? ¿A los que encima más les aplaudieron? y ¿se lucieron?

Quien sepa que me refute. Tiene todo el derecho, así como yo, de reclamar. Pero volviendo al tema, este tipo de publicaciones aseguran mi posición. No me gusta ni me gustarán nunca. ¿Porqué?

1. Porque no puedo hablar de un espectáculo (entiéndase por algo que entretiene) si hay un escenario en el que se reparte sangre a chorros, cada cinco minutos.

2. Porque no puedo aplaudir la tortura de uno de los animales más hermosos de la naturaleza. (Aunque es una raza creada por el mismo hombre). Me van a salir con el típico que si como carne es lo mismo. A los mismos que van a ver esto y dicen lo otro, les invito cordialmente a aplaudir a un camal. No olviden llevar las botas ah, porque la sangre es la misma, y para su diversión, hay mucha, como les gusta.

3. Porque no puedo asistir a un lugar que se llena de sangre y se mata animales que fueron criados para entretener a un grupo de noveleros.

4. Porque aún no entiendo como -una vez más- ponen el nombre de Jesús a estas tradiciones, que si él viera, le daría asco. Pero no de eso, sino de los que lo aceptan.

5. Porque la sociedad debe evolucionar y no ir hacia atrás. Ya olvidamos cosas como la momificación, la guillotina, las peleas león vs. humano, los duelos, las torturas de la Inquisición. ¿Porqué seguimos con esto? ¿Porqué? ¿Porqué?

6. Porque ya fui a una corrida y no quiero volver jamás.

7. Porque si quiero lucir botas, sombrero, cinturón y alisado, puedo irme a bailar a cualquier otro lugar.

8. Porque tengo dos mascotas en mi casa. Aunque quisiera tener más.

No entiendo como es que a quien escribió esto, los novillos le parecieron "buenos, nobles y de calidad". Aún no se lo creo. Ni lo demás tampoco. Ni le entiendo. Y tampoco es que quiero.
Hay costumbres que por más antiguas que sean no deben continuar, porque se supone que cada vez somos más inteligentes. Pero, no mismo. Y encima critican a los musulmanes y sus singulares maneras de castigar como los piedrazos, la quema de orejas, de ojos etc., etc. Pobres; los que van, no los que mueren.

martes, 16 de noviembre de 2010

Papeles oxidados


Es un caja grande, de zapatos, pero de zapatos grandes. La tapa está segura gracias a un listón de tela que una vez fue parte de una prenda de vestir. Ahora está llena, y sin ese laso, no podría cerrarse ni entrar en el cajón 'secreto' que está en el espaldar de mi cama.

Mi baúl improvisado guarda hojas, cartas, invitaciones para fiestas, velas y retazos que no sé porque están ahí. Son papelitos agrupados en sobres que huelen a humedad y recuerdos. A muchos recuerdos. Los reviso cuando arreglo. Uno por uno hasta el fondo.

Cartitas de amigos de la escuela, una fotografía de 50 niños de un quinto grado, libretas mal cortadas hechas en el recreo y cromos recortados del album Amor es, son los más antiguos. Y me acuerdo de todos. Y me da nostalgia.

Sobre ellas hay varios sobres blancos con más cartas en hojas cuadriculadas. Hay un sobre para cada curso y dos con las cartas de mis 'mejores amigas' del colegio. Unas parecen escritas para un novio, de amor, de reconciliación, del "amigas por siempre", "nunca cambies", "perdóname", "gracoas por ser así". ¿Así Cómo? En fin, igual las recuerdo, y me da más tristeza que la escuela. Hasta conservo una agenda con papelitos oxidados que nos regalábamos en clases. Hojas de todos los materiales, esquinas con dibujos, conversaciones, chismes exprés, stickers de garfield, la pascualina o artilugia y manualidades de bolsillo.

Y hasta ahí las clasifiqué. Las últimas -y escasas- cosas que recibí después solo las puse encima, hasta que la caja engordó. Por ahí hay algo por navidad, por un recupérate y feliz cumpleaños.

Hace un año rompí las tres primeras tarjetas que me miraban apenas abría el baúl. Tres sobres arrugados. Los únicos obsequios de un hombre. Tarjetas de plástico con leyendas que les 'dieron diciendo' la imprenta, firmadas con políticos Tqm Andrea, en chuecas y confusas letras. Pero ya no están. Y no me da pena, peor tristeza.

Lo demás ha de quedarse en la memoria; lo que necesita recordarse. Lo demás ya no. De la universidad, por ejemplo, guardo poco, aunque recuerdo mucho. Y si me da nostalgia y recién hace ocho días, me dio pena.

Ya no soy la estudiante, la que abre la caja para buscar con que llorar, la que guarda, la que ordena, la que se apena. Pero tampoco me da tristeza. Estoy feliz, y las pocas penas de hoy, son peores y nuevas, y ya no pueden ponerse en un caja, sino en una maleta.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Después del título y una grabadora sin usar


Que regresan de una entrevista o vienen cansados/as de la reportería. O salen corriendo a cubrir lo que les toca, o comentan lo que ya salió ayer o lo que van a poner hoy. Que planifican los temas de la semana, la nota de la portada.
Es como oír una conversación de mayores. Claro, Si es que tuviera 8 años, pero no.

Es cuando pierdo el aliento -como hoy- y siento que soy una niña. Una que se arrima a ver los juguetes desde la vitrina; con los deditos pegados al vidrio empañado por los suspiros arrojados. Ver de cerca pero no poder tocarlos. Exacto. Estar dentro pero pasar por un lado.

Antes no importaba, no había tanta ansia, pero hoy ya no. En medio del circo y yo no hago nada. No porque no pueda, sino porque algo pasa. Ese algo que ahora desespera y me quita la paciencia.

Ahora viene de nuevo la nostalgia del leve ajetreo de ayer. De cuando estaba "recién aprendiendo", con los primeros errores. Cuando se me hacía más fácil preguntar. Cuando me era permitido también. Justificado más bien.

Se aprende sí, poco, pero sí. El tiempo va demasiado lento. Espero no se me pase cuando ya sea el verdadero momento, que nunca imaginé sería aqui mismo. Yo era de otro costal. No el mismo , pero dulce a la final. Pero por algo llegué aquí y algo debo sacar. Aún no quiero irme sin haber hecho lo que no pensé cuando entré, por sexta vez. Aún no. Espero. Pero no quiero que se me vaya la vida esperando. Mientras, solo quiero no contagiarme del cinismo del aire que me anda rodeando. Gente. Siempre conozco más de la pobre gente. El dilema.

sábado, 2 de octubre de 2010

Policías, balas y periodistas: Yo quisiera estar ahí


Interior del Hospital de la Policía, Quito 21:00 30 Sep. 2010
Programa Día a Día (03-10-2010)


En medio de la conmoción. Oyendo el crujir de los disparos rozar las orejas y el cabello. Escuchando los gritos de confusión y desesperación. Viendo los cascos de balas sobre el suelo. Sientiendo los palpitos intensos. Con miedo, angustia y adrenalina a la vez. De testigo y espectador. Cerca, muy cerca.

Ver un intento de Golpe de Estado, la sublevación policial y una balacera a lo Holywood, por televisión, no es el mismo. Mirar a una decena de periodistas, camarógrafos, fotógrafos, víctimas y curiosos moverse de un lado a otro. Narrar casi sin mirar. Esconderse y refugiarse entre los demás. Sentir pánico y hasta ganas de llorar, de dejarlo todo, de sentir que ya no se puede más. Pero aun así, sin dejar de trabajar. ¿Absurdo? No lo creo. Más bien intenso.
Si trato de descifrar esa sentimiento interno ante tanta noticia que explota por segundo, quizá no me entendenderían todos. Y talvez ni yo misma porque no sé lo que es estar ahí. Pero me hubiese encantando, aunque si así fuera, hasta me hubiese desmayado. Pero ya estaba ahí.

Fotografía por: Diario El Comercio

Quizá sea eso que les pasa a los médicos cuando ven un accidente y quieren ayudar, aunque el miedo siempre esté primero. O lo que siente un arquitecto cuando pasa por una construcción. O un veterinario cuando ve un perro atropellado. O el cantante cuando va al karaoke.O el mismo futbolista cuando escucha un partido.

Es ese: yo se hacer eso, ¿y porqué no?
Me pregunto ¿qué es lo que necesito para llegar ahí? ¿Cómo puedo ser como aquellos que luego de pasado el momento cuentan como lograron salir de un infierno? ¿Cómo doy primicias? ¿Cómo participo? ¿Cómo actúo aunque corra peligro?

¿Cuánto tiempo tiene que pasar para alcanzar a esos extremos? Y si se da el momento, ¿y luego me quejo, me petrifico y me muero? ¿Será que a ellos les gusta pasar por eso, o sólo van porque les obligan y ese tiene que ser su momento? Yo, ¿estaré preparada para todo eso?

Yo ya quiero.



Pasillos del Hospital de la Policía, Quito 21:00 (30 Sep.2010)

jueves, 29 de julio de 2010

¿Porqué los periodistas caemos mal?



Ya van algunas veces, pero aún no encuentro una respuesta concreta ante el comentario: "Es que como son periodistas se creen la divina papaya". Digo yo, ¿qué mal hemos hecho? ¿Cómo reaccionar ante estas frases en medio de una amena conversación? ¿Porqué tanta antipatía anti periodística?




Perdón por ya unirme al gremio por cierto. Como para muchas cosas, el diario vivir sabe dar respuestas. Y yo si que he visto muchas, digo muchos casos que pueden provocar este tipo de reacciones. Y es cuando empiezo a encontrar la importancia de la tan aclamada "buena escuela" del periodismo. Veo de todo un poco con el pasar de los días desde mi cubito en la oficina.




Hablar del ego del periodista -si es que existe- es complicado. Y podría entender que este se presente después de terminar una mega reportería o una mega investigación de algo que costó mucho trabajo. ¿Qué no es para tanto? Puede que sí, pero suele pasar. Claro que de sentirse orgulloso al ver publicada una nota tuya de extenso tamaño o conseguir a la que parece la más difíciles de las fuentes, al ego o altanería, sí es llegar lejos. Veamos.



Puede ser recurrente cuando se está por encima de los demás. Tener responsabilidades de otros y la potestad de mandarlos. ¿Me explico? No es que he pasado por mucho aún, pero a breves rasgos ya he identificado varios casos. Hay desde los 'coordinadores creídos', el 'encargado chupamedias', el consentido, el/la recomendada, el/la super estudiada/o, el/la viajado/a, el que tiene complejo de profesor de universidad (pero malo), el sabelotodo porque ganó un premio, la que se cree postre o el sabandija que aspira un puesto superior sin importarle la integridad de sus colegas. Y puede haber más.



Otros casos simplemente se pueden confundir con estos, pero no lo son. Los ternos y las corbatas, por ejemplo, no son la característica de todos "los creídos". De unos sí, claro, pero de otros no mucho. Los grandes jefes, superiores de verdad en mente e intelecto, llevan terno pero no todos son antipáticos. De hecho hay gente muy agradable, y ellos sí son los que saben. Y se nota. Pero no siempre están escondidos tras la elegancia; la arrogancia se viste de jean, botas, abrigos, faldas y camisetas estampadas.



En mi calidad de aprendiz diaria -aquella postura que deberían tener todos los periodistas- solo me resta seguir observando. Y aprendiendo por supuesto. Hasta de las cosas malas se aprende, para luego no caer en ese error. Porque se ve feo, y yo si no quisiera ser asi. Si algún día me sucede le pido a Dios o mi madre que me de una bofetada.



No hay pecado alguno en no saber, en preguntar, en confirmar cosas más de una vez, en asombrarse, en equivocarse o en no pretender no saber. No es tan dificil serlo. Pero creo que tantas letras agobian a algunos y generan la envidia de otros. Todo porque habemos quienes disfrutamos del periodismo, aunque no sepamos todo lo que "saben" ellos. Reflexionen. Cuando se bajen de la nube, claro. Hasta pueden tener más amigos.



Un humilde consejo. Gracias.

domingo, 6 de junio de 2010

El poema para él

Bailarina, Edgar Degas (mi favorito)

En medio de tanto periodismo la pausa viene a mi obligada porque tengo algo nuevo en que pensar. Bueno, en quién pensar. Los espacios son para todos, y hoy también le daré el suyo, por todo lo bueno que significa ahora.

Por un lado están los sueños, los nocturnos y los que se tienen con los ojos abiertos. O bueno, los deseos. Y cuando ambos son el mismo, y dejan de ser sueños, se convierten en todo un suceso. No es que me vuelva muy cursi, pero es que es cierto.

Ahora hablaré de mi inspiración. Como ya se darán cuenta este post no tiene pies ni cabeza, pero asi mismo son. Hasta unos días mi mente poética se apagó. No había tristeza, no había consternación, ni recuerdos, ni reproches, y ni que se diga del amor. Nada, absolutamente nada. Suficiente excuso para no escribir.

Por otro lado está la tranquilidad. Ese estado tan esperado, tan ansiado y tan necesitado. No la tranquilidad vaga que no deja hacer nada; hablo de la calma, y de la salida de la nostalgia. Esa pasividad cargada de suspiros lanzados al aire, risas no provocadas, colgadas involuntarias, mensajes y llamaditas que se reciben y se mandan.

Tranquilidad, un sueño e inspiración. Así es, y lo confirmé ayer mientras mirándome me cantaba una canción. Por hoy, solo puedo escribir un mini poema. Tanto que decían que vale la pena, creo que por fín todos los dichos tienen razón. Y punto. ¿Les ha pasado?

martes, 1 de junio de 2010

el nuevo lugar



La casa de la sabiduría periodiística me abrió sus puertas hace casi dos meses, después de haber terminado los chocolates. Entré muy agradecida y con más apetito de aprendizaje cuál niña que anhela poder leer; y que luego se da cuenta que no es la gran cosa como se lo imaginó. Más la pompa! (Ojalá algún día pueda decir eso)

Salí a encontrarme con las típicas novatadas cara a cara: tener nervios antes de la entrevista, perderse en el lugar que se anotó hasta el croquis, no llamar a confirmar por miedo de alguna cosa extraña, llamar a escondidas hasta de mi sombra, olvidarse datos equivocarse otros,escribir, tachar, etc.

Luego pasé de un lugar a otro, en un par de días. Las novatadas parecían venir a mi de nuevo, cuando llegé a donde parece ser un buen lugar para aprender. Pero ahora -cuando ya me hice a la idea de comer más chocolates por lo menos por un año-, ya no hay miedo. Hay positivismo como nunca antes. Y no es tanto por el lugar, porque aún no se como será. Es por el hecho, por rodar y rodar, de aquí para allá.

Las puertas más que abiertas están estancadas para que no se vuelvan a cerrar. Y lo divertido es que son los mismos turrones de chocolate los que ahora la detienen. Pero eso es bueno, muy bueno, y por eso lo escribo. Y allá voy.

domingo, 11 de abril de 2010

Primer Capítulo: Buscando a los entrevistados


Tengo un par de nombres nuevos apuntados en la libreta verde que cargaba de un lado a otro cuando buscaba cinco invitados por día: tres para el programa estelar y dos para la tarde. Ahora está desordenada y con nombres y números de teléfono escritos al apuro en cualquier esquina de las hojas cuadriculadas.

Una vez tomados los datos de quienes tenía que entrevistar, salí. La emoción se conjugó con los nervios y el miedo. Era como salir a reportear por primera vez, aunque en realidad lo volví a hacer después de unos meses de letargo. Me pareció que salir a "periodistear" cada día, es como una primera vez: nunca sabes con lo que te vas a encontrar. Recordé mi primera salida, y se pareció mucho a esta porque a dónde iba, no tenía idea que tenía que hacer.

Bueno y entonces llego, y de ahi ¿Qué hago? ¿Dónde queda eso? ¿Por donde entro? ¿Por quién tengo que preguntar? ¿En dónde pregunto? ¿Y no será bravo ese señor?, o peor, ¿Y si me pregunta algo que no sé? ¿Y si me habla?

En esa ocasión, con esfero y hoja de papel en mano, tuve que ir en busca del director del programa de renovación del Registro Civil. Y fui así solita, pequeñita y llena de ignorancia. Como era de esperarse la "entrevista" duró no más de seis minutos, porque cuando dijo todo lo que tenía que decir, yo solo quería irme. Pero los años de la muy poca experiencia me acolitaron esta vez, y evitaron otra fugaz huída periodística.

Me fue bien, por así decirlo. Saqué una pregunta en el bus, porque en lugar de pensar en otras me preocupaba que al bajarme me iba a empapar. (Abril y los aguaceros). Otras dos preguntas estructuré mientras subía los siete pisos de un edificio que si tenía ascensor. Si, es que por los nervios no me percaté.

Y entré, averigué y lo encontré y pregunté. Sonrisitas van, muecas vienen. Un par de frases en la libreta verde, un comentario fuera de lugar, un "si sería interesante tratar este tema también", y el clásico "es que el Estado debería aportar más", y me fui. En la segunda entrevista fue algo similiar, pero me pasó algo que nunca me había ocurrido. Por hacerme la mega periodista y la dura, salí con un terrible dolor de cabeza.

Cuando están conversando con alguien y para que ese alguien no se sienta más que uno, siempre te recomiendan no bajarle nunca la mirada. Pero cuando ese alguien tampoco está dispuesto a bajarte su linda, desafiante, adulta y mareante mirada de ojos verdes, tus ojos también van a bailar. Si, pero por lo menos salí bien. Sólo que al llegar a mi casa me puse a buscar información sobre el láser, después del : "claro, como este es el año del láser, usted si sabía eso no?? (Silencio de tres segundos y vergüenza interna) Sí, por supuesto.

lunes, 8 de marzo de 2010

chocolate


Encerrada 'cual diablo en botella' comparo. Como si estuviera atrapada en un cuarto lleno de dulces de chocolate, y me dijeran que la única salida se activa si me los termino todos. Y no me gustan, desde pequeña, no se bien porque. Aunque me fascina el aroma del azúcar, prefiero los caramelos de varios colores, creo que tienen más diversión.

Y es como sucede: no es suficiente estar ahi. Es agradable ver tantos dulces juntos como nunca antes los había visto (pensando que eran especies únicas). Si, existen y ahí están en su mejor presentación. Pero están afuera, junto a mi puerta. Y quiero salir, porque es donde están los chicles, las gomitas, las paletas y los helados, y allá es donde quiero ir. Preciso estar ahi. Porque siempre quise, tengo, anhelo, necesito y debo.

Si hay que comerse los aburridos chocolates y debo aguardar hasta hartarme de ellos para poder irme, lo haré. No son amargos, solo que a mi no me gusta su color. Por algo deben gustar a tanto paladar, y han estado siglos en la imaginación. Si, tal cual, han estado siglos.

No es la mejor comparación, pero la paciencia hace que piense en lo que menos me agrada. Pero ya se están acabando, ya solo será cuestión de tiempo. De tiempo, tiempo, tiempo, tiempo.
Qué dicen que enamora, puede ser. Que entristece, pues si. Y todo esto fue a propósito del ferrero rocher que me comí. Me provocó nostalgia y tristeza, pero me hizo olvidar que requiero de paciencia, paciencia, paciencia.

Los años de ayer fueron dulces y hoy se extrañan. Esa melancolía que deja amarga la garganta está en medio de esa rutina diaria. Porque no fue fácil llegar al instante actual, aveces duelen un poquito más. Y eso aún me encanta. El olor al dulce de afuera penetra en mi nariz, y eso me impulsa a seguir, aunque no puedo evitar el miedo, y el recelo. Pero iré, escribiré, saldré, caminaré, esperaré, esperaré, esperaré.

¿Más chocolate? No gracias.