sábado, 2 de octubre de 2010

Policías, balas y periodistas: Yo quisiera estar ahí


Interior del Hospital de la Policía, Quito 21:00 30 Sep. 2010
Programa Día a Día (03-10-2010)


En medio de la conmoción. Oyendo el crujir de los disparos rozar las orejas y el cabello. Escuchando los gritos de confusión y desesperación. Viendo los cascos de balas sobre el suelo. Sientiendo los palpitos intensos. Con miedo, angustia y adrenalina a la vez. De testigo y espectador. Cerca, muy cerca.

Ver un intento de Golpe de Estado, la sublevación policial y una balacera a lo Holywood, por televisión, no es el mismo. Mirar a una decena de periodistas, camarógrafos, fotógrafos, víctimas y curiosos moverse de un lado a otro. Narrar casi sin mirar. Esconderse y refugiarse entre los demás. Sentir pánico y hasta ganas de llorar, de dejarlo todo, de sentir que ya no se puede más. Pero aun así, sin dejar de trabajar. ¿Absurdo? No lo creo. Más bien intenso.
Si trato de descifrar esa sentimiento interno ante tanta noticia que explota por segundo, quizá no me entendenderían todos. Y talvez ni yo misma porque no sé lo que es estar ahí. Pero me hubiese encantando, aunque si así fuera, hasta me hubiese desmayado. Pero ya estaba ahí.

Fotografía por: Diario El Comercio

Quizá sea eso que les pasa a los médicos cuando ven un accidente y quieren ayudar, aunque el miedo siempre esté primero. O lo que siente un arquitecto cuando pasa por una construcción. O un veterinario cuando ve un perro atropellado. O el cantante cuando va al karaoke.O el mismo futbolista cuando escucha un partido.

Es ese: yo se hacer eso, ¿y porqué no?
Me pregunto ¿qué es lo que necesito para llegar ahí? ¿Cómo puedo ser como aquellos que luego de pasado el momento cuentan como lograron salir de un infierno? ¿Cómo doy primicias? ¿Cómo participo? ¿Cómo actúo aunque corra peligro?

¿Cuánto tiempo tiene que pasar para alcanzar a esos extremos? Y si se da el momento, ¿y luego me quejo, me petrifico y me muero? ¿Será que a ellos les gusta pasar por eso, o sólo van porque les obligan y ese tiene que ser su momento? Yo, ¿estaré preparada para todo eso?

Yo ya quiero.



Pasillos del Hospital de la Policía, Quito 21:00 (30 Sep.2010)

jueves, 29 de julio de 2010

¿Porqué los periodistas caemos mal?



Ya van algunas veces, pero aún no encuentro una respuesta concreta ante el comentario: "Es que como son periodistas se creen la divina papaya". Digo yo, ¿qué mal hemos hecho? ¿Cómo reaccionar ante estas frases en medio de una amena conversación? ¿Porqué tanta antipatía anti periodística?




Perdón por ya unirme al gremio por cierto. Como para muchas cosas, el diario vivir sabe dar respuestas. Y yo si que he visto muchas, digo muchos casos que pueden provocar este tipo de reacciones. Y es cuando empiezo a encontrar la importancia de la tan aclamada "buena escuela" del periodismo. Veo de todo un poco con el pasar de los días desde mi cubito en la oficina.




Hablar del ego del periodista -si es que existe- es complicado. Y podría entender que este se presente después de terminar una mega reportería o una mega investigación de algo que costó mucho trabajo. ¿Qué no es para tanto? Puede que sí, pero suele pasar. Claro que de sentirse orgulloso al ver publicada una nota tuya de extenso tamaño o conseguir a la que parece la más difíciles de las fuentes, al ego o altanería, sí es llegar lejos. Veamos.



Puede ser recurrente cuando se está por encima de los demás. Tener responsabilidades de otros y la potestad de mandarlos. ¿Me explico? No es que he pasado por mucho aún, pero a breves rasgos ya he identificado varios casos. Hay desde los 'coordinadores creídos', el 'encargado chupamedias', el consentido, el/la recomendada, el/la super estudiada/o, el/la viajado/a, el que tiene complejo de profesor de universidad (pero malo), el sabelotodo porque ganó un premio, la que se cree postre o el sabandija que aspira un puesto superior sin importarle la integridad de sus colegas. Y puede haber más.



Otros casos simplemente se pueden confundir con estos, pero no lo son. Los ternos y las corbatas, por ejemplo, no son la característica de todos "los creídos". De unos sí, claro, pero de otros no mucho. Los grandes jefes, superiores de verdad en mente e intelecto, llevan terno pero no todos son antipáticos. De hecho hay gente muy agradable, y ellos sí son los que saben. Y se nota. Pero no siempre están escondidos tras la elegancia; la arrogancia se viste de jean, botas, abrigos, faldas y camisetas estampadas.



En mi calidad de aprendiz diaria -aquella postura que deberían tener todos los periodistas- solo me resta seguir observando. Y aprendiendo por supuesto. Hasta de las cosas malas se aprende, para luego no caer en ese error. Porque se ve feo, y yo si no quisiera ser asi. Si algún día me sucede le pido a Dios o mi madre que me de una bofetada.



No hay pecado alguno en no saber, en preguntar, en confirmar cosas más de una vez, en asombrarse, en equivocarse o en no pretender no saber. No es tan dificil serlo. Pero creo que tantas letras agobian a algunos y generan la envidia de otros. Todo porque habemos quienes disfrutamos del periodismo, aunque no sepamos todo lo que "saben" ellos. Reflexionen. Cuando se bajen de la nube, claro. Hasta pueden tener más amigos.



Un humilde consejo. Gracias.

domingo, 6 de junio de 2010

El poema para él

Bailarina, Edgar Degas (mi favorito)

En medio de tanto periodismo la pausa viene a mi obligada porque tengo algo nuevo en que pensar. Bueno, en quién pensar. Los espacios son para todos, y hoy también le daré el suyo, por todo lo bueno que significa ahora.

Por un lado están los sueños, los nocturnos y los que se tienen con los ojos abiertos. O bueno, los deseos. Y cuando ambos son el mismo, y dejan de ser sueños, se convierten en todo un suceso. No es que me vuelva muy cursi, pero es que es cierto.

Ahora hablaré de mi inspiración. Como ya se darán cuenta este post no tiene pies ni cabeza, pero asi mismo son. Hasta unos días mi mente poética se apagó. No había tristeza, no había consternación, ni recuerdos, ni reproches, y ni que se diga del amor. Nada, absolutamente nada. Suficiente excuso para no escribir.

Por otro lado está la tranquilidad. Ese estado tan esperado, tan ansiado y tan necesitado. No la tranquilidad vaga que no deja hacer nada; hablo de la calma, y de la salida de la nostalgia. Esa pasividad cargada de suspiros lanzados al aire, risas no provocadas, colgadas involuntarias, mensajes y llamaditas que se reciben y se mandan.

Tranquilidad, un sueño e inspiración. Así es, y lo confirmé ayer mientras mirándome me cantaba una canción. Por hoy, solo puedo escribir un mini poema. Tanto que decían que vale la pena, creo que por fín todos los dichos tienen razón. Y punto. ¿Les ha pasado?

martes, 1 de junio de 2010

el nuevo lugar



La casa de la sabiduría periodiística me abrió sus puertas hace casi dos meses, después de haber terminado los chocolates. Entré muy agradecida y con más apetito de aprendizaje cuál niña que anhela poder leer; y que luego se da cuenta que no es la gran cosa como se lo imaginó. Más la pompa! (Ojalá algún día pueda decir eso)

Salí a encontrarme con las típicas novatadas cara a cara: tener nervios antes de la entrevista, perderse en el lugar que se anotó hasta el croquis, no llamar a confirmar por miedo de alguna cosa extraña, llamar a escondidas hasta de mi sombra, olvidarse datos equivocarse otros,escribir, tachar, etc.

Luego pasé de un lugar a otro, en un par de días. Las novatadas parecían venir a mi de nuevo, cuando llegé a donde parece ser un buen lugar para aprender. Pero ahora -cuando ya me hice a la idea de comer más chocolates por lo menos por un año-, ya no hay miedo. Hay positivismo como nunca antes. Y no es tanto por el lugar, porque aún no se como será. Es por el hecho, por rodar y rodar, de aquí para allá.

Las puertas más que abiertas están estancadas para que no se vuelvan a cerrar. Y lo divertido es que son los mismos turrones de chocolate los que ahora la detienen. Pero eso es bueno, muy bueno, y por eso lo escribo. Y allá voy.

domingo, 11 de abril de 2010

Primer Capítulo: Buscando a los entrevistados


Tengo un par de nombres nuevos apuntados en la libreta verde que cargaba de un lado a otro cuando buscaba cinco invitados por día: tres para el programa estelar y dos para la tarde. Ahora está desordenada y con nombres y números de teléfono escritos al apuro en cualquier esquina de las hojas cuadriculadas.

Una vez tomados los datos de quienes tenía que entrevistar, salí. La emoción se conjugó con los nervios y el miedo. Era como salir a reportear por primera vez, aunque en realidad lo volví a hacer después de unos meses de letargo. Me pareció que salir a "periodistear" cada día, es como una primera vez: nunca sabes con lo que te vas a encontrar. Recordé mi primera salida, y se pareció mucho a esta porque a dónde iba, no tenía idea que tenía que hacer.

Bueno y entonces llego, y de ahi ¿Qué hago? ¿Dónde queda eso? ¿Por donde entro? ¿Por quién tengo que preguntar? ¿En dónde pregunto? ¿Y no será bravo ese señor?, o peor, ¿Y si me pregunta algo que no sé? ¿Y si me habla?

En esa ocasión, con esfero y hoja de papel en mano, tuve que ir en busca del director del programa de renovación del Registro Civil. Y fui así solita, pequeñita y llena de ignorancia. Como era de esperarse la "entrevista" duró no más de seis minutos, porque cuando dijo todo lo que tenía que decir, yo solo quería irme. Pero los años de la muy poca experiencia me acolitaron esta vez, y evitaron otra fugaz huída periodística.

Me fue bien, por así decirlo. Saqué una pregunta en el bus, porque en lugar de pensar en otras me preocupaba que al bajarme me iba a empapar. (Abril y los aguaceros). Otras dos preguntas estructuré mientras subía los siete pisos de un edificio que si tenía ascensor. Si, es que por los nervios no me percaté.

Y entré, averigué y lo encontré y pregunté. Sonrisitas van, muecas vienen. Un par de frases en la libreta verde, un comentario fuera de lugar, un "si sería interesante tratar este tema también", y el clásico "es que el Estado debería aportar más", y me fui. En la segunda entrevista fue algo similiar, pero me pasó algo que nunca me había ocurrido. Por hacerme la mega periodista y la dura, salí con un terrible dolor de cabeza.

Cuando están conversando con alguien y para que ese alguien no se sienta más que uno, siempre te recomiendan no bajarle nunca la mirada. Pero cuando ese alguien tampoco está dispuesto a bajarte su linda, desafiante, adulta y mareante mirada de ojos verdes, tus ojos también van a bailar. Si, pero por lo menos salí bien. Sólo que al llegar a mi casa me puse a buscar información sobre el láser, después del : "claro, como este es el año del láser, usted si sabía eso no?? (Silencio de tres segundos y vergüenza interna) Sí, por supuesto.

lunes, 8 de marzo de 2010

chocolate


Encerrada 'cual diablo en botella' comparo. Como si estuviera atrapada en un cuarto lleno de dulces de chocolate, y me dijeran que la única salida se activa si me los termino todos. Y no me gustan, desde pequeña, no se bien porque. Aunque me fascina el aroma del azúcar, prefiero los caramelos de varios colores, creo que tienen más diversión.

Y es como sucede: no es suficiente estar ahi. Es agradable ver tantos dulces juntos como nunca antes los había visto (pensando que eran especies únicas). Si, existen y ahí están en su mejor presentación. Pero están afuera, junto a mi puerta. Y quiero salir, porque es donde están los chicles, las gomitas, las paletas y los helados, y allá es donde quiero ir. Preciso estar ahi. Porque siempre quise, tengo, anhelo, necesito y debo.

Si hay que comerse los aburridos chocolates y debo aguardar hasta hartarme de ellos para poder irme, lo haré. No son amargos, solo que a mi no me gusta su color. Por algo deben gustar a tanto paladar, y han estado siglos en la imaginación. Si, tal cual, han estado siglos.

No es la mejor comparación, pero la paciencia hace que piense en lo que menos me agrada. Pero ya se están acabando, ya solo será cuestión de tiempo. De tiempo, tiempo, tiempo, tiempo.
Qué dicen que enamora, puede ser. Que entristece, pues si. Y todo esto fue a propósito del ferrero rocher que me comí. Me provocó nostalgia y tristeza, pero me hizo olvidar que requiero de paciencia, paciencia, paciencia.

Los años de ayer fueron dulces y hoy se extrañan. Esa melancolía que deja amarga la garganta está en medio de esa rutina diaria. Porque no fue fácil llegar al instante actual, aveces duelen un poquito más. Y eso aún me encanta. El olor al dulce de afuera penetra en mi nariz, y eso me impulsa a seguir, aunque no puedo evitar el miedo, y el recelo. Pero iré, escribiré, saldré, caminaré, esperaré, esperaré, esperaré.

¿Más chocolate? No gracias.

viernes, 12 de febrero de 2010

una pieza de ballet

Sala de ensayo (E. Degas)

Me acuerdo cuando me preguntaban más de una vez: ¿Qué quieres ser de grande? Y mi respuesta fue distinta con cada año adicional que cumplía: quería ser cantante, ayudar a la gente y curar a los enfermos, ser chef, empresaria, cajera del Supermaxi, madre de familia, bailarina de ballet, locutora de radio, profesora de inglés, guía turística, estrella de rock, arquitecta, escritora, como Marissa Sánchez, dueña de un museo, historiadora, veterinaria y periodista.


bailarina (E. Degas)


No eran aspiraciones; a esa edad los llamaba sueños. Por supuesto que hoy me provocan risa y algo de melancolía. Sueños cumplidos, ninguno. En proceso de, solo dos. En completo estado de frustación, tres. Arrepentidos, uno y medio. Todavía vigente y algo absurdo, uno. Y para recordar la energía con la que aún pienso en él, me remoto a Edgar Degas, y su obra.

Mi vida es una analogía autoconstruida con la danza y el ballet. Pasos largos, estilizados, decididos, aveces bruscos, sutiles, un poco técnicos, y un tanto fríos. Y la mirada, siempre atenta, con gotas de nostalgia.
Una vida que a Degas se le olvido pintar. Un año más, es como otra melodía más por danzar.

bailarinas azules (E. Degas)

domingo, 24 de enero de 2010

El extraño mundo de los sueños


Como muchos que he tenido, el de anoche casi no lo recuerdo. No me acuerdo como llegué ahí, o porque terminó cuando me quedé en ese lugar. Solo se que fue un sueño; un muy desconcertante sueño.

No soy de las que consulta el significado de los sueños cada vez que tengo uno. Aveces me resultan medios futuristas o a lo Nostradamus, pero igual no me agobian. Cuando tengo las ideas acumuladas en la cabeza, el sueño es más confuso. Cuando tengo un deseo o una aspiración, en el sueño lo cumplo, aunque aveces a medias. Porque no se si les ha pasado, pero cuando sueñas mientras estás a punto de levantarte, casi puedes controlarlos. Claro que al despertar, y volverse a dormir para verlos de nuevo, ya no están.

Hay muchas personas que les gusta la nota del misticismo, y averiguan constantemente el significado de los sueños. No lo hago no porque no me agrade, sino porque no tengo tiempo, y solo los olvido y ya. Pero si creo un poco en eso. El subconsciente humano es capaz de crear simbolismos increíbles mientras estamos dormidos. Y muy pocos se dan cuenta de eso, y ayer lo volví a comprobar.

Soñé con un lugar, un sitio que conocí hace casi un año. Un bonito parque al cuál prometí volver (y aún quiero). Era el mismo, donde suele estar y con la misma gente, pero fue terrorificamente distinto. Era denoche -como casi siempre en mis sueños-, y lo que menos parecía, era bonito. La atmósfera era triste y completamente desalentadora. Nada que ver con lo que yo presencié. Sin cambiar su estructura, estaba tan diferente, que ya no quería estar ahi. Los pocos pasos que di por sus alrededores, solo me provocaron ganas de llorar, y de regresar lo más pronto posible. Fue fatal.

Nada pareceía tener un poco de sentido hasta que ya desperté y empecé a atar cabos.

Debe estar diferente porque es así como está la situación ahora. Todavía quisiera ir de nuevo a ver la iglesia y el parque que fotografié como diez veces; pero se que no será lo mismo. Cuando fui el lugar estaba igual, pero había algo más que lo hacía lindo. Ese algo ya no está. Y si voy ahora talvez me pase lo mismo que en el sueño, y solo quiera volver.

La duda que aún me queda es la similitud de emociones. La tristeza que sentí cuando volví -soñando-, todavía no se me va. Eso ¿es coincidencia, o solo tengo un mal día? Y ¿ a alguien más le ha pasado?

viernes, 15 de enero de 2010

La protagonista que regresó a su novela

Rosal blanco, Vilma Raquel Fontana

No pertenece al hoy ni al aquí. Es distinto e irreconocible. Es como una foto antigua. Recuerda los caminos y las grandes casas. El tiempo retrocedió y lo entiende y le agrada. Es un viejo lugar.

El día es gris: ni de mañana ni de noche. Tiene tintes claros de café. La luna parece acercarse. El sol se pierde entre algodones naranja. Finas gotas de agua caen sobre las piedras de lo que parece ser un calle.

Las vías están empolvadas, como en remodelación. Pero no. Es su forma y no había como arreglarlas. Tampoco hay mucha luz. Los destellos provienen de velas encendidas que se perciben por las ventanas empañadas de las casas.

Ella no sabe cuanto ha retrocedió, pero se siente increiblemente contenta. La ausencia de las comodidades se respira. Pero no le importa. De hecho, la alegran aún más. El olor de la pequeña ciudad también lo delata. No hay autos. Hay carrozas. Las pocas mujeres que caminan no van solas. Ninguna lleva puesto un blue jean ni gafas, ni botas. No existen. Nadie las crea aún. Pero viven felices, aunque no pareciera. Así de feliz como está ella, pese a no ser su sitio, a estar invadido. Y le encanta.

Las diferencias no tienen fin. No hay ruido, no hay motores, ni risas, ni apuros ni mucha gente. Hay silencios, timidez, prudencia e hipocrecías que se esconden bajo pesadas vestimentas. Un estilo de vida que le parece desconocido, porque apenas llegó. Aún así está segura que ya pasó por ahí. Y se empieza a dar cuenta.

Su alrededor es confuso y confortable. Es seguro. La ciudad es diminuta pero no necesita más espacio. Así está bien.

El paisaje tiene pinos, bosque, tierra y su casa. Si, tiene una casa. Si era lo que imaginaba, su hogar estará por allá, junto a las rosas blancas. Claro, si es cierto debe existir el un rosal blanco.

Y las rosas están ahí. Nunca se fueron. La que se fue era ella. El lugar estaba intacto y perfecto como siempre lo fue.

¿Porqué lo dejó? ¿Porqué nunca se quedó ah,í si es donde le gusta vivir? Si ahí debe quedarse. ¿Quién la trasladó a otro tiempo?

Si, fue alguien, y sospecha quién. El mismo que lo dibujó todo lo que ahora vuelve a tener. Él tiene el poder y el placer de crear ese, y miles de escenarios. De ponerla donde él guste. De darle sentimientos, movimientos, instintos, deseos. Es su historia. Él escribe y ella solo está en su memoria.

Ella le suplica que no la saque de ahí. Le dice: Por favor escribe, continúa, y cuenta más historias sobre mi. Dilo todo, pero ya no me borres de aquí.
Él dijo si.

miércoles, 13 de enero de 2010

Radios comunitarias sin dueños ni esperanzas


Ya ya, tomen para que no se enojen... O mejor: Se me chispoteó con el cierre de la radio, así que tengan, las paces ¿si? Ese pequeño regalito de nada mas y nada menos que 14 radios comunitarias, el Gobierno les dio como sus navidades atrasadas a los indígenas. Pero tal y como los ancestros les han dicho, ellos no creen en cucos, y peor en Papá Noel. Bueno, Papá Correa.

Y es que son sólo 14. Para que más. Pero a nuestro afamado compañerito se le olvida que sus buenos amigos no lo pueden ver ni en pintura. Y sinceramente le veo un poco difícil que acepten su presente de buena gana. Para muestra un botón: Ya anunciaron un próximo levantamiento como símbolo de protesta por el cierre de La Voz de Arutam, una radio de la Amazonía.

Muchos apasionados con la radio -incluyéndome-, seguimos con la mirada al cielo rogando una equitativa repartición de frecuencias en el Ecuador, pero a este paso... Parecía que las súplicas fueron escuchadas, pero o se equivocaron de aspirantes o de intenciones. Claro, la intención está muy clara, pero ¿y los demás?

No estoy en contra de las radios comunitarias, ni digo que la radio sea un medio con el que se puede lucrar. Si así fuera no les estaría contando mi indignación. El periodismo comunitario debe nacer de la esencia de su pueblo, para que el mismo se ayude a encontrar soluciones a sus necesidades. Es el espacio para que se expresen y den a conocer lo que no se ha dicho de ellos, y no para que les den un espacio más de propaganda gobiernista. Porque eso va a pasar.

La radio no debe ser solo de los periodistas o los frustados radiodifusores como yo. Debe ser de la gente, pero de la gente que en verdad la quiere. De ahí mismo nacen los sueños de ser periodista. Pero ni esa le salió al Correita. Hay!